Imagina por un momento la inmensidad. No hablamos de una ciudad, ni siquiera de un continente. Piensa en el 70% de la superficie de nuestro planeta. Ese vasto, profundo y misterioso territorio azul que llamamos océanos. Son la cuna de la vida, el motor del clima, una autopista vital para el comercio y una fuente inagotable de recursos y maravillas por descubrir. Desde las costas que besan nuestras playas hasta las simas abisales donde la luz nunca llega, los océanos son, sin duda, el dominio más extenso de la Tierra.

Ante semejante magnitud, surge una pregunta fascinante y compleja: ¿quién, o qué, controla este vasto territorio? No es una pregunta sencilla, porque la respuesta no es un único gobierno, ni una sola organización, ni una superpotencia militar. Es un entramado complejo de leyes internacionales, acuerdos, responsabilidades compartidas, intereses nacionales, desafíos ambientales y la cruda realidad de la geografía misma.

Durante siglos, el mar fue en gran medida un espacio de ‘res nullius’ o ‘res communis’, dependiendo de la perspectiva: o ‘cosa de nadie’ o ‘cosa de todos’. Era un lugar de libertad para navegar, pescar y explorar, con pocas reglas más allá de las impuestas por la fuerza o la costumbre. Pero a medida que la tecnología avanzó y la presión sobre los recursos marinos aumentó, se hizo evidente la necesidad de un marco legal que ordenara este espacio compartido. Y ahí es donde entran en juego las bases del control moderno.

La ‘Constitución’ de los Océanos: UNCLOS

El principal pilar que rige la relación de la humanidad con los océanos es la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, conocida como UNCLOS por sus siglas en inglés (United Nations Convention on the Law of the Sea). Firmada en 1982 y en vigor desde 1994, esta convención es, sin exagerar, la ‘constitución’ de los océanos. Ha sido ratificada por la gran mayoría de los países del mundo y establece un marco legal integral que define los derechos y responsabilidades de los estados en el uso de los océanos, al tiempo que establece directrices para proteger el medio ambiente marino.

UNCLOS no otorga el control absoluto a una única entidad, sino que divide el océano en diferentes zonas, cada una con reglas y niveles de control distintos para los estados ribereños y para la comunidad internacional. Comprender estas zonas es clave para responder a nuestra pregunta central.

Un Mosaico de Jurisdicciones: Las Zonas Marítimas

Imagina que te alejas de la costa de un país. A medida que te adentras en el mar, cambian las reglas del juego. UNCLOS define principalmente las siguientes zonas:

Aguas Interiores: Son las aguas que se encuentran en el interior de la línea de base del mar territorial de un estado. Incluyen lagos, ríos, puertos y bahías que están en el lado terrestre de esa línea. Aquí, el estado ribereño tiene soberanía total, tan completa como la que ejerce sobre su territorio terrestre. Puede regular el acceso y todas las actividades sin restricciones impuestas por el derecho internacional marítimo.

Mar Territorial: Se extiende desde la línea de base hasta un límite de 12 millas náuticas (aproximadamente 22.2 km). Dentro de esta zona, el estado ribereño también ejerce soberanía completa. Esto significa que tiene control sobre el espacio aéreo por encima, el fondo marino por debajo y las aguas mismas. Sin embargo, hay una limitación importante: debe permitir el paso inocente de buques extranjeros. El paso es inocente si no perjudica la paz, el buen orden o la seguridad del estado costero. No incluye actividades como amenazas de fuerza, ejercicios militares, espionaje, violaciones de regulaciones aduaneras o sanitarias, o pesca.

Zona Contigua: Es una franja adicional de 12 millas náuticas, que comienza donde termina el mar territorial (es decir, se extiende hasta 24 millas náuticas desde la línea de base). En esta zona, el estado ribereño no tiene soberanía total, pero sí puede ejercer control para prevenir o sancionar infracciones de sus leyes y reglamentos aduaneros, fiscales, de inmigración o sanitarios que se hayan cometido en su territorio o mar territorial.

Zona Económica Exclusiva (ZEE): Esta es quizás una de las zonas más relevantes para entender la distribución de ‘control’ sobre los recursos. La ZEE se extiende desde la línea de base hasta un límite de 200 millas náuticas (aproximadamente 370.4 km). En su ZEE, el estado ribereño tiene derechos soberanos para los fines de exploración y explotación, conservación y administración de los recursos naturales, tanto vivos (como los peces) como no vivos (como el petróleo y el gas) de las aguas suprayacentes al lecho marino y del lecho marino y su subsuelo. También tiene jurisdicción en lo que respecta al establecimiento y la utilización de islas artificiales, instalaciones y estructuras, la investigación científica marina y la protección y preservación del medio ambiente marino. Otros estados gozan de libertades de navegación y sobrevuelo, y de tendido de cables y tuberías submarinas, siempre y cuando respeten las leyes del estado ribereño dentro de su ZEE.

Plataforma Continental: Es la prolongación natural del territorio terrestre de un estado bajo el mar. Se extiende a lo largo del lecho marino y el subsuelo de las áreas submarinas que se extienden más allá de su mar territorial y a todo lo largo de la prolongación natural de su territorio terrestre hasta el borde exterior del margen continental, o hasta una distancia de 200 millas marinas desde las líneas de base si el borde exterior del margen continental no llega a esa distancia. Los estados ribereños tienen derechos soberanos sobre los recursos naturales (minerales, otros recursos no vivos del lecho marino y subsuelo, y organismos vivos sedentarios) de su plataforma continental. Estos derechos existen independientemente de si el estado explota o no la plataforma continental.

Alta Mar: Todo el espacio oceánico que queda más allá de las ZEE de los estados. La Alta Mar es el reino de la libertad. UNCLOS declara que la Alta Mar está abierta a todos los estados, ya sean ribereños o sin litoral. En ella rigen las libertades de navegación, sobrevuelo, tendido de cables y tuberías submarinas, construcción de islas artificiales y otras instalaciones permitidas por el derecho internacional, pesca e investigación científica. Nadie puede reclamar soberanía sobre la Alta Mar. Sin embargo, estas libertades deben ejercerse con la debida consideración a los intereses de otros estados y a las disposiciones de la Convención, especialmente en lo que respecta a la conservación de los recursos vivos y la protección del medio ambiente marino.

La Zona (The Area): Es el lecho marino y su subsuelo más allá de los límites de la jurisdicción nacional (más allá de la plataforma continental extendida donde aplique). UNCLOS declara que La Zona y sus recursos son «patrimonio común de la humanidad». Esto significa que ningún estado puede reclamar soberanía o derechos soberanos sobre ninguna parte de La Zona o sus recursos. Las actividades en La Zona, particularmente la exploración y explotación de minerales, están reguladas por la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA), una organización autónoma establecida por UNCLOS. La ISA debe garantizar que los beneficios de la minería en aguas profundas se compartan equitativamente y que el medio ambiente marino esté protegido.

Como ves, la idea de «control» está distribuida y parcelada según la distancia a la costa y el tipo de actividad o recurso. Los estados costeros tienen mucho control cerca de sus costas, menos a medida que te alejas, y prácticamente ninguno en Alta Mar o La Zona, donde rigen principios de libertad y patrimonio común, gestionados por organismos internacionales.

Más Allá de los Estados: ¿Quién Regula y Supervisa?

Pero UNCLOS es un marco legal. Su aplicación y la regulación de actividades específicas dependen de una compleja red de actores y organizaciones:

Organizaciones de las Naciones Unidas y Afiliadas: Además de la ISA, la Organización Marítima Internacional (IMO) juega un papel crucial. La IMO, con sede en Londres, establece normas globales para la seguridad del transporte marítimo y la prevención de la contaminación por los buques. Desde el diseño de los barcos hasta los protocolos de respuesta a derrames de petróleo, gran parte de lo que ocurre en el mar en términos de transporte está influenciado por la IMO. Otras agencias de la ONU, como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) o la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO (COI), también contribuyen a la investigación, la conservación y la gestión sostenible de los océanos.

Organismos de Gestión Regionales: Para desafíos específicos como la pesca, existen numerosas Organizaciones Regionales de Ordenación Pesquera (OROP) que gestionan poblaciones de peces en áreas geográficas particulares, a menudo aquellas que abarcan múltiples ZEE y áreas de Alta Mar. Estas organizaciones establecen cuotas de pesca, regulan los tipos de artes permitidas y coordinan los esfuerzos de monitoreo y control.

Tribunales Internacionales: El Tribunal Internacional del Derecho del Mar (ITLOS), con sede en Hamburgo, Alemania, es un tribunal judicial establecido por UNCLOS para resolver disputas entre los estados miembros sobre la interpretación o aplicación de la Convención. También pueden intervenir la Corte Internacional de Justicia (CIJ) u otros tribunales arbitrales.

Fuerzas Navales y Guardacostas: Los estados ejercen su soberanía y derechos soberanos en sus zonas marítimas a través de sus armadas y guardacostas. Patrullan, interceptan actividades ilegales (pesca INDNR, tráfico ilícito), realizan operaciones de búsqueda y rescate, y aseguran el cumplimiento de las leyes nacionales e internacionales. En Alta Mar, las armadas también juegan un papel en la garantía de la libertad de navegación, aunque esto a veces puede generar tensiones geopolíticas.

La Sociedad Civil y las ONGs: Organizaciones no gubernamentales como Greenpeace, WWF, Oceana y muchas otras, juegan un papel vital en la vigilancia, la concienciación pública, la investigación científica y la promoción de la conservación marina. Si bien no tienen poder legal directo de ‘control’, su influencia en la opinión pública, las políticas gubernamentales y la presión sobre la industria es considerable.

Los Desafíos: Una Prueba para la Gobernanza

A pesar de la existencia de un marco legal y de diversas instituciones, el «control» efectivo y, más importante aún, la gobernanza sostenible de los océanos, enfrentan enormes desafíos. La vasta extensión del océano dificulta la vigilancia y la aplicación de la ley. Problemas como:

  • La pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) agota las poblaciones de peces y socava los esfuerzos de conservación. Es una batalla constante en la que barcos sin bandera o que operan bajo banderas de conveniencia explotan recursos sin rendir cuentas.
  • La contaminación marina, especialmente por plásticos, pero también por sustancias químicas, aguas residuales y ruido, degrada los ecosistemas y amenaza la vida marina. Gran parte de la contaminación proviene de fuentes terrestres, pero los barcos también contribuyen.
  • El cambio climático está teniendo un impacto devastador: aumento de la temperatura del agua, acidificación (por absorción de CO2), desoxigenación y cambios en las corrientes. Esto altera los hábitats, migra las especies y blanquea los corales a una escala sin precedentes.
  • La pérdida de biodiversidad avanza a medida que los ecosistemas se degradan y las especies son sobreexplotadas.
  • Las tensiones geopolíticas en áreas como el Mar Meridional de China, el Ártico o puntos estratégicos de navegación, donde se superponen reclamos o intereses, ponen a prueba la estabilidad y la aplicación pacífica del derecho del mar.
  • La exploración y potencial explotación de los recursos del lecho marino profundo presenta un nuevo frente de desafíos ambientales y de gobernanza para la ISA.

Estos problemas demuestran que tener un marco legal no es suficiente. La efectividad del «control» y la gestión dependen de la voluntad política de los estados, la capacidad de aplicación de las leyes, la cooperación internacional y la conciencia global sobre la importancia vital de los océanos.

Hacia el Futuro: Una Nueva Era de Gobernanza Oceánica

La buena noticia es que la comunidad internacional no está inactiva. La comprensión de que los océanos son un sistema interconectado y frágil ha crecido enormemente. Hay un impulso creciente hacia una gobernanza más sólida y cooperativa.

Un desarrollo clave es el reciente Tratado de la ONU sobre Biodiversidad más allá de las Jurisdicciones Nacionales (BBNJ), a menudo llamado el ‘Tratado de Alta Mar’, adoptado en 2023. Este tratado, una vez que entre en vigor (tras ser ratificado por un número suficiente de países), llenará lagunas importantes en la gobernanza de la Alta Mar y La Zona. Busca proteger la biodiversidad marina en estas áreas, establecer áreas marinas protegidas en Alta Mar (algo que antes era muy difícil), regular el uso de recursos genéticos marinos y promover la creación de capacidad y la transferencia de tecnología marina. Es un paso monumental hacia una gestión más holística y conservacionista de casi dos tercios del océano mundial.

Además, los avances tecnológicos están mejorando la vigilancia (satélites, drones, sensores submarinos) y la investigación científica, permitiendo comprender mejor los océanos y detectar actividades ilegales. La conciencia pública sobre la importancia de los océanos y las amenazas que enfrentan también está creciendo, impulsando la acción de gobiernos y empresas.

El futuro del «control» oceánico no pasa por una sola entidad dominante, sino por una mayor cooperación internacional, una aplicación más efectiva de las leyes existentes, el desarrollo de nuevas herramientas legales como el tratado BBNJ, la inversión en ciencia y tecnología, y un compromiso global genuino con la sostenibilidad.

Entonces, ¿quién controla los vastos océanos del mundo? La respuesta es fascinante: nadie los controla por completo, pero todos tenemos una responsabilidad en su gestión y conservación. Los estados tienen derechos soberanos y jurisdicción en sus zonas cercanas a la costa, definidos por un tratado internacional fundamental (UNCLOS). Las organizaciones internacionales regulan actividades específicas a escala global y regional. La Alta Mar y La Zona son patrimonio común, regidos por principios de libertad y gestión colectiva, con nuevos tratados fortaleciendo su protección.

Este «control» compartido y basado en reglas es imperfecto y está constantemente desafiado por la explotación, la contaminación y el cambio climático. Pero es el marco que tenemos, y que estamos trabajando para fortalecer, para garantizar que este corazón azul de nuestro planeta pueda seguir latiendo, sosteniendo la vida y ofreciendo sus maravillas a las generaciones futuras.

La verdadera gobernanza efectiva del océano, la que asegura su salud y resiliencia, no reside solo en las leyes o las patrulleras, sino en nuestra comprensión colectiva de su valor incalculable y en nuestro compromiso compartido para proteger lo que amamos.

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